no le saca la vuelta a la ley

La razón de gobierno y la huelga docente

Publicado: 2017-09-03

Celebro que, aunque sea temporalmente, el gremio docente haya decidido detener la huelga y retornar a las aulas. La razón y el compromiso con el país no estaban de su lado, con todo lo complejo que pueda ser el escenario del sector. 

Existe un básico de gobernabilidad que se llama razón de Estado, que implica que el gobierno tiene el monopolio de la violencia y el control del territorio. Se ejerce esta razón cuando, por ejemplo, un gremio quiere desconocer las preferencias mayoritarias por la fuerza o usa de pretextos las carencias laborales de un grupo humano para desestabilizar al Ejecutivo y pescar lanzamientos políticos en río revuelto. Se ejerce cerrando los lugares de aglomeración de la protesta cuando ésta es claramente destructiva, sancionando actos ilegales, soportando la provocación física y, en ocasiones, defendiéndose de la violencia huelguista con excesos lamentables que deben sancionarse siempre.

En una democracia, la razón de Estado garantiza, entre otras cosas, la preferencia de las mayorías. La gente quiere evaluación meritocrática, lo dicen las encuestas. Mejorar nuestro proyecto educativo está en el Acuerdo Nacional, precisamente porque todos sabemos que ése es el disparador principal del desarrollo. No debe detenerse la reforma educativa, y ello implica evaluar profesores con posibilidad de despido mientras se siguen mejorando las condiciones laborales.

En la huelga de maestros que acaba de concluir había muchos reclamos que honraban la voluntad colectiva ahí organizada, y éstos fueron aceptados en las negociaciones entre el gobierno y los maestros. Pero apenas el ejecutivo concedió (demoró quizá, pero concedió como corresponde a un ejecutivo inteligente), los líderes docentes demostraron que no sólo estaban interesados en las causas bienhechoras que decían defender, sino que pensaban más en sus necesidades políticas, en sus pugnas internas, y por eso no les importaba cruzar la línea de lo razonable.

Pretendieron hacer valer la idea de que las evaluaciones son depredadoras, y no sólo no es así, sino que la mayoría de peruanos no lo cree así. Los dirigentes querían ganarse a sus bases nombradas complotando contra las evaluaciones, y no faltaron despistados y oportunistas que hicieron coro. También quisieron manipular a la opinión pública, inventando discursos con imaginación perversa, y felizmente evidenciando un juego político malintencionado y electorero.

¿Las evaluaciones tienen muchos pendientes? Sin duda, somos un país subdesarrollado, con qué Estado las vamos a hacer del todo bien. Pero eso no significa desconocerlas ni dejar de iniciarlas con prudencia y de manera incremental, y sin que el ejercicio sea un saludo a la bandera. ¿Los maestros tienen estabilidad laboral? Nadie lo desmiente, pero no por eso se van a quedar en sus cargos, frustrando el futuro de miles de niños, cuando desaprueban tres veces el mismo examen, y con previa capacitación para cada una de las oportunidades. Se habló de recolocarlos, pero tampoco eso aceptaron.

¿Ganan muy poco? Sí, y pensando en ello el gobierno les acaba subir el básico a 2000 y éste ascenderá a 4000 en el 2021. Según el MINTRA el promedio de salario profesional en el Perú oscila entre 1800 y 3400. Y la mayor parte de estos grupos no tienen la estabilidad laboral casi absoluta de los profesores nombrados ni trabajan sólo 30 horas a la semana. Y aquí se trata de sufrirla todos, así que el cuerpo docente no puede pretender un trato privilegiado, menos cuando no es el gremio profesional que quisiéramos, ni mucho menos. Se supone que en Finlandia son los profesionales mejor pagados, pues hablamos de otro país y otros docentes. Y nadie dice que la situación educativa sea su culpa, es sistémico el asunto, pero precisamente por eso es que todos debemos poner el hombro.

No puedo dejar de resaltar que aquí ha habido populismo y radicalismo entre la clase política. El fujimorismo decidió no boicotear al gobierno porque era muy evidente su intención intrigante de conceder a los huelguitas y “bajarle la llanta” al presidente y sus ministros. Y porque las encuestas decían sí a la evaluación con posibilidad de despido. Pero vaya que complicaron en el camino. Y la izquierda mostró las dos caras que hoy la definen: los radicales que ya conocemos y que hicieron de comparsa en todo momento, y los conversos del congreso que ahora están queriendo ser socialdemócratas en público y a regañadientes, y que dijeron sí a la evaluación, pero tarde y en voz bajita. Casi todos pidieron renuncias ministeriales e interpelación en el momento menos oportuno.

El país necesita apostar por el largo plazo, y eso es defender políticas que son indiscutibles más allá de quién entre a Palacio o quién obtenga mayoría congresal. Sin buena educación no hay desarrollo en el siglo XXI, pues ésta es la era del conocimiento y de la inventiva. La razón de gobierno implica defender este gran consenso progresista y esta necesaria reforma, así que ha hecho bien el ejecutivo en resguardar las evaluaciones con posibilidad de despido.

Y aunque PPK lamentablemente no está a la altura de lo requerido como líder político presidencial, sólo los miserables se atreven a jugar con la vacancia, esa aventura incendiaria y explosiva que nos haría retroceder una vez más. Debemos más bien unirnos con el gobierno cuando éste promueve causas reformistas indispensables. Y debemos seguir empujando con fe, pues el camino del desarrollo es una larga paciencia, además de una apuesta radical por la educación.

El gobierno debe concertar e incluso ahora convocar, pero hizo bien en defender - primero - lo mínimamente justo.


Escrito por

Carlos Trelles

Político y gestor público. Especialista en temas de gobierno, descentralización y modernización administrativa


Publicado en

Camino al andar

Reflexiones sobre gobierno y coyuntura política