es constitucional, no confundas

La conexión de Daniel Peredo

Publicado: 2018-02-21

1. Las élites culturales - ese viejo club de señores conservadores, narcisistas y caprichosos - algún día romperán con las formas que los protegen y aprisionan, y abrirán sus puertas a los creadores libres del mundo popular. Y ahí estará Daniel Peredo, junto a otros históricos de nuestra inventiva.

Los grandes innovadores de su tiempo, los que generan nuevos lenguajes, materias o sensibilidades colectivas, tienen una conexión muy profunda con sus seguidores. Una conexión que la razón no logra explicar.

El público oye a sus grandes voces y se reconoce en ellas, posiblemente porque ambas partes tienen vivencias similares, y por lo tanto caracteres afines. Ser referente social demanda muchas habilidades, pero sin conexión no hay nada. Y más bien esta vinculación emotiva relativiza las capacidades técnico-profesionales, haciéndolas bastante más prescindibles de lo que podría parecer.

Dichoso aquel creativo que se conecta con millones, con los hijos del pueblo. Daniel Peredo fue uno de aquellos.

2. No he sido amigo de Daniel Peredo, pero un paso de cuatro meses por el periodismo deportivo me hizo departir más de una vez con el hábil pelotero, creativo cunda y animal retórico que fue.

La última vez que lo vi fue a fines del 2014, cuando yo postulaba a la alcaldía de Pueblo Libre, su distrito para toda la vida. Estaba parado en Vivanco, como acercándose a Sucre, y le pasé la voz. Confieso que lo hice más pensando en asuntos campañeros que en saludarlo: después de todo, entre 1998 y aquel día habían pasado muchos años, y Peredo podría no tenerme registrado en su memoria. Así que me acerqué, lo llamé por su nombre y le pregunté si me recordaba. Grande fue mi sorpresa cuando me dijo: “¡Trelles! Sí me acuerdo de ti, hemos peloteado juntos”. Y conversamos un rato.

No me dijo que estuvimos en Chiclayo alguna vez, cubriendo un Aurich-Alianza de la era Pinto, tampoco me habló de un texto sobre gansters que publiqué para una revista de Telefónica que él leyó y celebró, ni de cuando coincidimos en un proyecto televisivo de Gustavo Barnechea. No. Me habló de lo importante, de lo que él  recomendaba hacer a todos sus colegas según se ha contado en estas horas. Me habló de pelotear, de haber compartido algunas pichangas. Porque eso fue Daniel Peredo, un pelotero con gran sensibilidad verbal y narrativa.

Esa era su conexión y su diferencia: el barrio, la vivencia pelotera recreada. Y a partir de ese sentimiento dialogaba con todo el Perú desde el micrófono, y desde esa profundidad espiritual se hizo el mejor narrador deportivo que ha visto este país. Sufría con los hinchas, predecía lo que sucedería en el campo segundos antes de que ocurriera, lloraba de alegría y parafraseaba citas bíblicas. Yo sospecho que soñó hasta el final con hacer goles a estadio lleno, con el futbolista que no fue.

3. Jugué con Peredo no más de cuatro o cinco veces, pero recuerdo dos ocasiones en particular. La primera fue una mañana muy calurosa, en una loza de Jesús María en la que peché a un colega suyo, y cuando éste me dio una patada fuerte, paré el balón y cobré foul. Me quejé. Se me acercó y medio que me reprendió: “¿por qué paras uon? ¿Por qué cobras? Sigue jugando”. Me quedó claro que era pistero y de códigos, y que yo más bien me había aburguesado bastante.

La segunda vez fue de noche, en San Miguel. Todas las canchas eran de cemento por esos días. Llegó Daniel y se puso a hablar de futbol con otros periodistas hoy referentes, y de pronto sacó sus zapatillas para alistarse. Todos ya usábamos las botas de cuero negro para fulbito que imitan a los chimpunes, pero él no: él usaba sus Bata-Rimac, sus chalaquitas rotosas y surcidas. La conocía Daniel Peredo: contó en un momento que llegó a jugar en las inferiores del Cristal y que no le gustaban los entrenamientos. Sospecho que renunció a esa ilusión por algo más que aquello, aunque él haya dicho en entrevistas recientes que desde niño quiso ser periodista y no futbolista.

4. Y peloteando se fue Daniel Peredo, haciendo lo que hace poco llamó su pasatiempo favorito: la pichanga de los lunes. Conectado estará para siempre con millones de peruanos, con los miles que lo despiden hoy en el Nacional. Conectado estará - vagabundeando por ahí - cuando algún narrador nos emocione en Rusia 2018 o prediga que habrá gol. Cuando un comentarista sensible describa algún detalle futbolero sutil, cuando un periodista haga una pregunta pícara y le abra el corazón al futbolista que tiene al frente. Cuando un reportero dialogue de igual a igual con algún entrenador triunfante.

Es extraña la vida, y es un escándalo que un hombre tan mimetizado con nuestros sueños colectivos, alegrías y temores se vaya tan pronto, pero es así y debemos aceptarlo. Buen viaje Daniel, mándanos tu energía para el mundial que se viene, la vamos a necesitar. Y si te veo en el otro mundo te volveré a pasar la voz. Entonces seré yo, y no tú, quien recuerde las pichangas que alguna vez compartimos.


Escrito por

Carlos Trelles

Político y gestor público. Especialista en temas de gobierno, descentralización y modernización administrativa


Publicado en

Camino al andar

Reflexiones sobre gobierno y coyuntura política